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martes, 11 de septiembre de 2012
mi terraza
en mi terraza:
La pequeña casa estaba situada a orillas del mar, con sólo dar un salto estaría en la playa, pero nunca se había atrevido a bajar, se conformaba con observar como las olas iban y venían sin cesar.
Aquella tarde era una más, con la única diferencia de que no dejaba de llover.
Palmira se encontraba en la terraza de su casa, sostenía una taza de té y simplemente miraba la vida pasar.
Antes, aquella playa siempre estaba llena de gente, daba igual que fuese lunes, martes, jueves o domingo, era raro no ver a alguien.
Pero desde hace algún tiempo y desde que había empezado a llover, parecía que todo el mundo se había olvidado de aquél lugar.
A Palmira no le gustaba mucho la compañía, prefería estar sola, se sentía mejor.
Llevaba años deseando que ocurriese algo para que aquella playa se convirtiese en el lugar tranquilo y silencioso donde ella siempre había querido estar.
Y parecía que ahora lo había conseguido.
Era extraño , pensaba Palmira, deseas algo durante mucho tiempo, y cuando lo tienes, ya no lo quieres.
El problema era que llevaba tanto tiempo estando sola y sin hablar con nadie que ya no recordaba como se hacía, y tampoco le quedaban amigos, ni familia, no había ningún vecino a la vista, y desde luego, tampoco podía hablar con desconocidos.
Ya nadie pasaba por allí.
Mientras bebía el último sorbo de té, se imaginaba bajando por las escaleras a la playa.
Constantemente tenía el mismo pensamiento, pero antes de que sus pies diesen el último paso, se daba cuenta de que ya no le quedaba té,
y volvía a la realidad. Tenía unas escaleras que llevaban directamente a la playa, y nunca había sido capaz de bajarlas.
La absurda idea de bajar a hablar con alguien era algo que le obsesionaba de una manera que no llegaba a entender, más aún ahora, pues a pesar de no haber nadie, esa sensación seguía inundando sus pensamientos por mucho que intentase evitarlo.
Y es que a Palmira nunca se le dieron bien las palabras.
Cuando era pequeña lo único que quería era crecer, hacerse mayor lo más rápidamente posible, porque pensaba que así dejaría de sentirse perdida,
como si todo dependiese del tiempo y de nada más.
No era feliz, pero tampoco una persona desgraciada; para eso tendría que haber perdido algo, y nunca había tenido nada suyo.
Volvió a la terraza con más té y a lo lejos divisó a una persona.
Después de tanto tiempo alguien se había atrevido a pasar por allí
¿Significará algo? A lo mejor era una señal.
De pronto tuvo un recuerdo. Se encontraba sentada en su terraza, mirando al mar.
No llovía. Hacía un sol espléndido.
La playa estaba llena, todo el mundo parecía estar distraído, esperando a alguien, todos tenían algo que hacer o algún sitio a donde ir.
La gente reía, pero nadie la miraba. Todos tenían prisa.
Mientras tanto, Palmira permanecía en su silla esperando.
Esperar, esperar y esperar era lo único que sabía hacer.
Esperar a que le ocurriese algo.
Algo como esa persona inmóvil que se encontraba frente a ella mientras sostenía un paraguas bajo la lluvia.
Si, seguro. Esta es la señal pensó.
viernes, 11 de mayo de 2012
nada que decir, nada que callar
nada que decir, nada que callar
Cuando era pequeña pensaba que la voz se gastaba, que llegaría un momento en el que de tanto hablar me quedaría muda, porque la voz dura un tiempo, y yo estaba malgastándola con palabras sin sentido que no decían nada importante.
A sí que durante unos días decidí hablar poco, casi nada.
Tenía que pensar bien cada palabra y cada frase, no quería quedarme sin voz antes de decir todo lo que tenía que decir.
Y… la inspiración no llegaba.
Pensaba mucho, si, pero todo se quedaba dentro de mi cabeza porque no encontraba las palabras adecuadas para expresarlo.
Aproximadamente tardé una semana en darme cuenta de que aquello no tenía ningún sentido, porque la gente, en general, suele hablar mucho y decir poco.
A sí que yo, cansada de tanto silencio, decidí volver a malgastar mis palabras esta vez, sin temor a perderlas. Lo bueno de todo esto es que aprendí una cosa: a escuchar, y eso al parecer sí era importante.
Pero por aquél entonces yo, que sólo era una niña, pensaba que la vida era mucho más que todo eso y que sólo tendría que esperar a crecer y hacerme mayor para encontrar las respuestas de todas las preguntas que me hacía y que nunca había sabido responder.
A sí que durante mucho tiempo, decidí no preocuparme por nada y esperar a que las cosas ocurriesen por sí solas, a que las palabras, las de verdad, saliesen por mi boca como si nada.
Pero el tiempo pasó, pasó y pasó tanto que me hice mayor, tan mayor que ya era tarde para hacer todo lo que tenía que hacer y decir todo lo que tenía que decir.
Y ahora me encuentro sentada en este sofá, intentando responder las mismas preguntas que se hacía aquella niña hace hoy ya tantos años.
El tiempo ha pasado tan deprisa que no me he dado ni cuenta, vaya.
Y tiene que ser hoy, justamente hoy, cuando me doy cuenta de que esta vida no se puede rebobinar.
Cuando era pequeña pensaba que la voz se gastaba, que llegaría un momento en el que de tanto hablar me quedaría muda, porque la voz dura un tiempo, y yo estaba malgastándola con palabras sin sentido que no decían nada importante.
A sí que durante unos días decidí hablar poco, casi nada.
Tenía que pensar bien cada palabra y cada frase, no quería quedarme sin voz antes de decir todo lo que tenía que decir.
Y… la inspiración no llegaba.
Pensaba mucho, si, pero todo se quedaba dentro de mi cabeza porque no encontraba las palabras adecuadas para expresarlo.
Aproximadamente tardé una semana en darme cuenta de que aquello no tenía ningún sentido, porque la gente, en general, suele hablar mucho y decir poco.
A sí que yo, cansada de tanto silencio, decidí volver a malgastar mis palabras esta vez, sin temor a perderlas. Lo bueno de todo esto es que aprendí una cosa: a escuchar, y eso al parecer sí era importante.
Pero por aquél entonces yo, que sólo era una niña, pensaba que la vida era mucho más que todo eso y que sólo tendría que esperar a crecer y hacerme mayor para encontrar las respuestas de todas las preguntas que me hacía y que nunca había sabido responder.
A sí que durante mucho tiempo, decidí no preocuparme por nada y esperar a que las cosas ocurriesen por sí solas, a que las palabras, las de verdad, saliesen por mi boca como si nada.
Pero el tiempo pasó, pasó y pasó tanto que me hice mayor, tan mayor que ya era tarde para hacer todo lo que tenía que hacer y decir todo lo que tenía que decir.
Y ahora me encuentro sentada en este sofá, intentando responder las mismas preguntas que se hacía aquella niña hace hoy ya tantos años.
El tiempo ha pasado tan deprisa que no me he dado ni cuenta, vaya.
Y tiene que ser hoy, justamente hoy, cuando me doy cuenta de que esta vida no se puede rebobinar.
domingo, 22 de mayo de 2011
cuentos de la historia
hechos historicos algunos comfirmados y otros de dudosa credevilidad,aqui os dejo unos hechos de record de la vida y la historia.
estos hechos los vi en otro sitio y decidi compartirlo con todos los que los quieran leer y opinar.
estos hechos los vi en otro sitio y decidi compartirlo con todos los que los quieran leer y opinar.
El mas Inteligente
William James Sidis
William James Sidis
Considerado como la persona más inteligente de la historia del mundo, nació en Nueva York, hijo de inmigrantes rusos que tuvieron que huir de Rusia por motivos políticos ya que formaban parte de la comunidad judía rusa,
Su padre, Boris Sidis,considerado como un pionero en la Psicopatología le aplicó sus propios conocimientos de psicología dotandole de una alta capacidad intelectual.
Poseía un cociente intelectual estimado de entre 250 y 300,
lo que nos puede hacer una idea de su alto potencial intelectual ya que el de una persona normal se encuentra entre 85 y 120.
Con tan solo 18 meses de edad, el joven James podía leer el New York Times.
A los ocho años conocía 8 idiomas , latín, griego, francés, ruso, alemán, hebreo, turco, y armenio e inventó uno, al cual llamó Vendergood a los 7 años. Pasó el tercer grado de primaria en tres dias.
Escribió cuatro libros de anatomía y astronomía entre los 4 y los 8 años.
Antes de cumplir los 8 años fue aceptado en el MIT (massachussetts institute of tecnology), y a los 11 años entro en la universidad de Harvard y era experto en matematicas aplicadas.
A los 16 años se graduo en medicina.
Fue capaz de hablar cerca de 200 idiomas hasta su muerte.
Madre mas Vieja en la Historia
la Margusheva
la Margusheva
Segun un diario ruso, la rusa Ula Margusheva, que actualmente cuenta con 123 años, dio a luz a su hijo Akhmed cuando tenia 79 años (sin confirmar por otras fuentes).
Este hijo murio en el 2005. Dos mujeres han dado a luz con 66 años: el 16 de enero de 2005, la rumana Adriana Iliescu tuvo a una niña mediante cesárea; el 29 de diciembre de 2006, la gaditana Maria del Carmen Bousada de Lara tuvo mellizos.
Ambas se sometieron a tratamientos de fertilidad.
La mas Joven de La Historia en ser madre
Lina Medina
Lina Medina
Septiembre de 1933, en la Región Huancavélica (Perú)es donde nacio.
madre más joven confirmada en la historia de la medicina, pues con 5 años 7 meses y 21 días de edad dio a luz a un niño mediante una cesárea.
hay sospecha que quedo embarazada tras ser violada por su padre, aunque la circunstancia no ha llegado a confirmarse.
El mas Viejo en la Historia
Li Ching-Yun
Li Ching-Yun
El 6 de Mayo de 1933 en la pagina 13 de el periódico New York Times, aparecía una esquela de Li Ching-Yun un chino que sobrevivió a 23 esposas, dejo 180 hijos y murió a la edad de 256 años.
¿Este obituario es un error o una exageración?
Algunos investigadores dicen que es cierto.
Li Ching-Yun murió el 6 de mayo de 1933 era un experto herborista.
Fue practicante del Tao y de otras disciplinas de meditación y artes marciales. Sirvió como consejero táctico militar e instructor de artes marciales, se retiró y pasó mucho tiempo en las montañas del Tíbet, donde siguió recolectando hierbas medicinales que según decía le ayudaban a mantenerse joven y saludable.
mas Alto de la Historia
Robert Wadlow
Robert Wadlow
Su caso ha sido muy bien documentado y no existe duda de la estatura que llegó a alcanzar.
Nació el 22 de febrero de 1918 en Monroe Street, en Alton, Illinois, EEUU y al momento de nacer tuvo un peso de 4 Kg. A los 6 meses ya pesaba 14 kilos, lo cual resultaba extraordinario, pero luego a los 18 meses llegó a pesar 28 kilos. Cuando llegó a los 8 años de edad, medía 1,87m y pesaba 90 Kg.
Al fallecer llego a medir 2.72 m y pesaba 222 kg
mas Gordo
Jon Brower Minnoch
Jon Brower Minnoch
Comenzó a sufrir problemas de obesidad desde muy temprana edad.
A los 12 años ya pesaba 132 kilos y a los 22 superaba los 180.
Como es de imaginar no pasarían muchos años hasta que su elevado peso le imposibilitara desarrollar una vida normal y en 1978 tuvo que ser internado a causa de problemas cardiacos.
Debido a sus 635 kilogramos de peso fueron necesarios 12 bomberos y un ferry especial para su traslado.
Jhon pasaría 16 meses internado y siguiendo una dieta obligatoria de 1200 calorías al día.
Más de 13 enfermeros eran necesarios para cambiarle la ropa y otro tanto de personal para cambiar las sabanas de las 3 camas que habían sido sujetadas para sostenerlo.
Al salir, Jon había perdido 419 kilos y pudo volver a caminar por sus propios medios tras varios años de invalidez.
Desgraciadamente su problema hizo que rápidamente recuperara peso y unos años después, en 1981, ya pesaba 432 kilos.
Minnoch murio en 1983 pesando 362kg.
El Hombre mas Pequeño de la Historia
Gul Mohammed
Gul Mohammed
El hombre más pequeño de la historia... Gul Mohammed (15 de Febrero, 1957 – 1 de Octobre, 1997) de Nueva Delhi, India, tiene el record Guinnes por ser el hombre más pequeño de la historia.
El 19 de Julio de 1990 fué examinado por el hospital Ram Manohar en nueva Delhi y midió 57cm y peso 17 kg.
Murió el 1 de Octubre de 1997 por problemas respiratorios complicados con una bronquitis adquirida por ser un duro fumador.
miércoles, 2 de febrero de 2011
el amor y la locura
Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres.
Cuando El Aburrimiento había bostezado por tercera vez,
La Locura como siempre tan loca, les propuso:
¿Vamos a jugar a las escondidas?
La Intriga levantó la ceja intrigada y La Curiosidad sin poder contenerse preguntó:
¿A las escondidas? ¿Y cómo es eso?
Es un juego, explicó La Locura,
En que yo me tapo la cara y comienzo a contar, desde uno a un millón mientras ustedes se esconden y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego.
El entusiasmo bailó secundado por La Euforia.
La Alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a La Duda,
e incluso a La Apatía, a la que nunca le interesaba nada.
Pero no todos quisieron participar, La Verdad prefirió no
esconderse.
¿Para qué?
si al final siempre la hallan.
La Soberbia opinó que era un juego muy tonto
(En el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella)
y La Cobardía prefirió no arriesgarse...
Uno, Dos, Tres...; comenzó a contar La Locura.
La primera en esconderse fue La Pereza, que como siempre se dejó caer tras la primera piedra del camino.
La Fe subió al cielo y La Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo que con su
propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.
La Generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía
maravilloso para cada uno de sus amigos, que si
¿un lago cristalino?:
Ideal para La Belleza.
Que si ¿la hendija de un árbol?: Perfecto para La Timidez.
Que si ¿el vuelo de una mariposa?: Lo mejor para La Voluptuosidad.
Que si ¿una ráfaga de viento?: Magnífica para La Libertad.
Así terminó por ocultarse en un rayito de sol.
El egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio,
ventilado, cómodo... pero sólo para él.
La Mentira se escondió en el fondo de los océanos (Mentira, en realidad se
escondió detrás del arco iris) y La Pasión y El Deseo en el Centro de los
Volcanes.
El Olvido... se me olvidó donde se escondió... pero eso no es importante.
Cuando La Locura contaba,
El Amor aún no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado...
hasta que divisó un rosal y enternecido decidió esconderse entre sus flores.
Un millón; contó La Locura y comenzó a buscar.
La primera en salir fue La Pereza sólo a tres pasos de una piedra.
Después se escuchó a La Fe discutiendo con Dios sobre Teología, y La Pasión y El Deseo los sintió en el vibrar de los volcanes.
En un descuido encontró a La Envidia y claro, así pudo deducir dónde estaba El Triunfo.
El Egoísmo no tuvo ni que buscarlo;
Él solito salió disparado de su escondite que había resultado ser un nido de avispas.
De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a La Belleza y con La
Duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin
decidir aún de qué lado esconderse.
Así fue encontrando a todos, El Talento entre la hierba fresca, a La Angustia
en una oscura cueva, a La Mentira detrás del arco iris...
(mentira, si ella estaba en el fondo del océano) y hasta El Olvido...
que ya se le había olvidado que estaba jugando a las escondidas,
pero sólo el amor no aparecía por ningún sitio.
La Locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyuelo del planeta, en la
cima de las montañas y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y las
rosas... y tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un
doloroso grito se escuchó:
las espinas habían herido los ojos del Amor:
La Locura no sabía qué hacer para disculparse, lloró, imploró, pidió perdón y hasta
prometió ser su lazarillo.
Desde entonces, desde que por primera vez se jugó a las escondidas en la
tierra...
El Amor es ciego y La Locura siempre lo acompaña.
Cuando El Aburrimiento había bostezado por tercera vez,
La Locura como siempre tan loca, les propuso:
¿Vamos a jugar a las escondidas?
La Intriga levantó la ceja intrigada y La Curiosidad sin poder contenerse preguntó:
¿A las escondidas? ¿Y cómo es eso?
Es un juego, explicó La Locura,
En que yo me tapo la cara y comienzo a contar, desde uno a un millón mientras ustedes se esconden y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego.
El entusiasmo bailó secundado por La Euforia.
La Alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a La Duda,
e incluso a La Apatía, a la que nunca le interesaba nada.
Pero no todos quisieron participar, La Verdad prefirió no
esconderse.
¿Para qué?
si al final siempre la hallan.
La Soberbia opinó que era un juego muy tonto
(En el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella)
y La Cobardía prefirió no arriesgarse...
Uno, Dos, Tres...; comenzó a contar La Locura.
La primera en esconderse fue La Pereza, que como siempre se dejó caer tras la primera piedra del camino.
La Fe subió al cielo y La Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo que con su
propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.
La Generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía
maravilloso para cada uno de sus amigos, que si
¿un lago cristalino?:
Ideal para La Belleza.
Que si ¿la hendija de un árbol?: Perfecto para La Timidez.
Que si ¿el vuelo de una mariposa?: Lo mejor para La Voluptuosidad.
Que si ¿una ráfaga de viento?: Magnífica para La Libertad.
Así terminó por ocultarse en un rayito de sol.
El egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio,
ventilado, cómodo... pero sólo para él.
La Mentira se escondió en el fondo de los océanos (Mentira, en realidad se
escondió detrás del arco iris) y La Pasión y El Deseo en el Centro de los
Volcanes.
El Olvido... se me olvidó donde se escondió... pero eso no es importante.
Cuando La Locura contaba,
El Amor aún no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado...
hasta que divisó un rosal y enternecido decidió esconderse entre sus flores.
Un millón; contó La Locura y comenzó a buscar.
La primera en salir fue La Pereza sólo a tres pasos de una piedra.
Después se escuchó a La Fe discutiendo con Dios sobre Teología, y La Pasión y El Deseo los sintió en el vibrar de los volcanes.
En un descuido encontró a La Envidia y claro, así pudo deducir dónde estaba El Triunfo.
El Egoísmo no tuvo ni que buscarlo;
Él solito salió disparado de su escondite que había resultado ser un nido de avispas.
De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a La Belleza y con La
Duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin
decidir aún de qué lado esconderse.
Así fue encontrando a todos, El Talento entre la hierba fresca, a La Angustia
en una oscura cueva, a La Mentira detrás del arco iris...
(mentira, si ella estaba en el fondo del océano) y hasta El Olvido...
que ya se le había olvidado que estaba jugando a las escondidas,
pero sólo el amor no aparecía por ningún sitio.
La Locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyuelo del planeta, en la
cima de las montañas y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y las
rosas... y tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un
doloroso grito se escuchó:
las espinas habían herido los ojos del Amor:
La Locura no sabía qué hacer para disculparse, lloró, imploró, pidió perdón y hasta
prometió ser su lazarillo.
Desde entonces, desde que por primera vez se jugó a las escondidas en la
tierra...
El Amor es ciego y La Locura siempre lo acompaña.
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