sábado, 11 de agosto de 2012

mi primer cigarrillo

mi 1er cigarrillo: Vivimos en un pequeño pueblo donde hay todo lo que hay y no hay más. Mis padres nos abandonaron el día que yo nací, a sí que tuve que crecer bastante rápido. Mi amigo fran dice que una noche su padre dijo que iba a comprar tabaco y nunca volvió. Desde entonces su madre se pasa las noches en la ventana de su habitación esperando a que regrese. Al principio el se sentaba a su lado para que no se sintiese tan sola, pero a medida que iban pasando los días, las semanas, y los meses, fue entendiendo que aunque su madre estuviese en la habitación de al lado, la sentía más lejos que a su padre, el cual ni siquiera estaba en casa. Pancho nunca ha hecho nada de eso. En realidad nunca habla de ellos, no tenemos ninguna foto, y lo único que sé es que no se llevaron la casa porque no les entraba en el coche, o eso es lo que dice siempre mi hermano. Por mi parte todo está bien, la gente se extraña, pero ¿cómo se puede echar de menos algo que nunca se ha conocido? Lo malo de los lugares pequeños es que todo el mundo se conoce y todo lo que hagas o lo que no hagas, va a ser comentado por los demás. Aunque no les incumba, aunque no sepan ni la mitad, pero es así. Es como una especie de tópico que perdurará por los siglos de los siglos sin que nadie pueda hacer nada al respecto. Me gusta sentarme en los escalones de la plaza y observar como la gente va de aquí para allá. Entonces, una sensación extraña recorre todo mi cuerpo dejándome los pelos de gallina y el ánimo un poco hundido. Siempre es lo mismo. Creo que tengo miedo de acabar en este pueblo cuando sea mayor. No me gusta pensar en el futuro, pero no puedo evitarlo. Pancho dice que no existe, que lo mejor es vivir en el presente porque la vida da tantas vueltas que los planes te cambian cuando menos te lo esperas. Entonces, ¿para qué molestarse en hacerlos? Sé que sólo dos personas se han marchado del pueblo, y también sé que ninguno de los dos ha vuelto jamás por aquí. A lo lejos distinguí la figura de Pancho, le hice un gesto con la mano para que se acercara y se sentó a mi lado. Sacó uno de sus cigarrillos del bolsillo y lo encendió. Desde que tengo uso de razón no recordaba a mi hermano sin un cigarrillo en la mano, era como si se hubiesen convertido en una extensión más de su cuerpo. ¿Crees que un día de estos harás como el padre de Toso, te irás a comprar tabaco y ya no volverás más?le dije. Mi hermano me miró y abrió su cajetilla, Sacó un pitillo y me lo ofreció. Yo lo cogí con miedo, lo encendí y empecé a fumar. Notaba perfectamente como el humo entraba por mi boca y bajaba por la garganta. Al principio tosía un poco, pero a la tercera calada ya me había acostumbrado a su sabor e incluso resultaba agradable. “¿Te gusta?”- dijo mi hermano-. Lo dudé un poco pero respondí que si. Reímos, pues los dos sabíamos que yo mentía, pero ¿acaso a alguien le gusta su primer cigarrillo?

2 comentarios:

  1. Buena historia y muy grato visitarte y encontrarme con èste genial casi cuento, el primer cigarrillo, no recuerdo cdo fuè, pero si tengo muy claro cuando fuè el ùltimo.


    Abrazos

    Pilar

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  2. Me encanta tu blog, espero sigas así,yo también me considero un blogger aunque no a tu nivel todavía, espero no te importe que deje mis blogs para que la gente de tu blog pueda visitarlos, me despido deseanote mucho exitos.
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    Te invito a visitar mi blog

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